viernes, 29 de mayo de 2009

Sobredosis de felicidad

Hace un año, los culés vivíamos en la infelicidad, y 365 días más tarde nos sentimos en la gloria

Màrius Carol

La felicidad se consume en pequeñas dosis. Somos conscientes de la dicha en contraposición con los momentos de infortunio. Pero, en ocasiones, el bienestar es tan grande que se diría que somos víctimas de una sobredosis de felicidad. Eso le pasó al barcelonismo la noche del miércoles. En apenas dos semanas el equipo ha conquistado tres títulos con una plantilla que hace un fútbol que maravilla y un entrenador que tiene un discurso que seduce. Hace un año, los culés vivíamos en la infelicidad, y 365 días más tarde nos sentimos en la gloria. El responsable de este cambio es Pep Guardiola, un hombre que conoce al Barça casi tanto como a sí mismo, pero que ha triunfado porque sabe gestionar el talento como pocos. En las escuelas de negocios de este país, que figuran entre las mejores del mundo, debería estudiarse esta capacidad del entrenador azulgrana. Lo decía la edición de ayer del Corriere della Sera,cuando escribía de Guardiola que su inteligencia en el campo se corresponde a su listeza fuera de él. La prensa italiana se sorprendió con un hombre del fútbol de discurso creativo, que empezó dedicando el título a Maldini, de 40 años y 25 en el Milan, que colgó su camiseta el domingo. Guardiola es un entrenador que habla cuatro idiomas y que ha cambiado el lenguaje del fútbol.


El entrenador del Barça es respetuoso con los rivales, pero cree ciegamente en sus futbolistas, que, siendo muy buenos, él ha sabido hacer mejores. Unas horas antes de la final ante el Manchester le envió un SMS a su amigo Jordi Basté para tranquilizarle: "Tranquilo, lo pasaremos bien y ganaremos." La fe se tiene o no, pero cuando la confianza es el resultado del trabajo no se trata de esoterismo, sino de cultura del esfuerzo.

Con este ánimo me dirigí al Estadio Olímpico. Luego, cuando Messi marcó el segundo gol en Roma, me encontré abrazado con Valentí Guardiola: "Ara sí que la tenim". El padre del entrenador era el monumento a la felicidad en una grada donde se desbordaban las emociones en la mitad azulgrana del campo. Imaginé por un instante cómo habría vivido aquel momento mi propio padre, que fue quien me insufló el barcelonismo. Y en el rostro sonriente de tanta gente descubrí que el fútbol es una fábrica de felicidad inagotable, hasta el punto de que, cuando Albert Om me comentó alborozado que sería difícil volver a vivir momentos así, sólo se me ocurrió responderle: "¿Y por qué no?"


Cuando Messi metió el cabezazo, mi amigo Xavier me dejó un mensaje en el contestador del móvil: "El Barça es lo único que le queda a Catalunya..."

Jordi Barbeta

Cuando Messi metió el cabezazo, mi amigo Xavier me dejó un mensaje en el contestador del móvil: "El Barça es lo único que le queda a Catalunya...". Bueno, tampoco es cuestión de ponerse más trascendentes de la cuenta, pero no se puede negar que la gesta azulgrana de esta temporada es el primer éxito identificable con lo que podríamos denominar lo catalán,tras un largo periodo de depresión colectiva y multitud de catalanes emprenyats por causas tan diversas.


Hace justo un año, el diario británico The Times ilustraba una supuesta decadencia catalana con la derrota del Barça en el Bernabeu, así que no será menos justificable considerar ahora el triplete como la inflexión que ha de marcar la recuperación del prestigio de lo que suele identificarse con Catalunya. En este sentido, el Barça podría pasar a la historia no sólo por sus triunfos deportivos, sino por desafiar la ley de Murphy. Bienvenida sea la alegoría del fútbol, si sirve para devolvernos la esperanza y nos convence de que cualquier situación es, a partir de ahora, susceptible de mejorar. No todo está perdido entonces.

Cantan los de Manel: "A vegades, se´ns baixa la verge i de sobte ens revela que ens en sortim". No consta ninguna aparición, pero algo ha pasado con Mary, porque hace un año el club estaba sumido en mil pleitos cainitas, y en doce meses, con prácticamente la misma plantilla, se ha conseguido lo nunca visto...

Laporta tuvo el coraje y el ojo clínico de confiar en un entrenador que sólo tenía experiencia en Tercera División y Guardiola ha propiciado un cambio de mentalidad y algo más. El Barça de ahora es diferente, pero no por ello se cree mejor o superior. Demuestra su modestia con el esfuerzo de sus victorias, siempre trabajadas con perseverancia. De ahí viene la empatía que irradia en los cinco continentes. Pero lo más insólito es que esta nueva identidad ha cuajado en la afición. Se ha podido comprobar a lo largo del año y muy especialmente en la relación con los rivales en Roma, en Valencia o incluso tras la goleada del Bernabeu. Este Barça no va contra nadie y no necesita al Madrid para alimentar su identidad. Por eso los gritos contra el rival son menos frecuentes y suenan a antiguo. Obsérvese la gran diferencia con las estrategias políticas al uso... Si efectivamente Roma marca una inflexión en el país, esta es la propuesta azulgrana más trascendental para cambiar el signo de estos tiempos difíciles.