miércoles, 10 de junio de 2009

Medio siglo de "Hiroshima mon amour"

El clásico alegato antibelicista del francés Alain Resnais - la historia de amor entre una joven francesa y un japonés después del final de la segunda Guerra Mundial - cumple 50 años


(EFE).- Hace años que se acabó la guerra fría y el peligro de un conflicto mundial se ha disipado, pero no por eso deja de impresionar ese intenso, duro y bello alegato antibelicista que fue el primer largometraje del francés Alain Resnais, "Hiroshima mon amour".

Una película que llegó a las salas francesas el 10 de junio de 1959, el mismo año de "Les quatre cents coups", de François Truffaut, dos de los más significativos ejemplos de esa "nouvelle vague" que buscaba la simplicidad, huía de los formalismos, potenciaba la espontaneidad de los actores y, sobre todo, provocaba.

Resnais realizó con "Hiroshima mon amour" una película tremendamente moderna para la época, una historia de ficción con muchos elementos de documental, género en el que había rodado muchos cortos y en el que, en un primer momento, quería haber situado la historia sobre la ciudad japonesa bombardeada con la bomba nuclear. Porque el origen del proyecto fue hacer un documental sobre la reconstrucción de Hiroshima.

Por ello, tras un sensual comienzo con imágenes de dos cuerpos entrelazados, la película usa partes del material del documental que Resnais había seleccionado para situar la historia tanto en el tiempo como en el espacio.

Una historia que no es en absoluto fácil de ver y lo era menos en el momento de su aparición, ya que realizaba un extenso uso de los "flashbacks", un recurso narrativo que había sido utilizado anteriormente por William Wyler o por Orson Welles pero al que no estaban habituados los espectadores.

Mezclando sutilmente -gracias a una espectacular labor de montaje- las escenas que se desarrollan en Francia con las de Japón, las de la Segunda Guerra Mundial y las de la actualidad de la historia, Resnais teje una narración magnética en la que el amor y el odio se encadenan y se suceden en un ordenado desorden.

El amor que destilan los dos protagonistas. Una joven actriz francesa que viaja a Japón para rodar una película sobre la paz y que mantiene una breve pero emocionalmente intensa relación con un japonés.

Trasgresora en su momento por la relación entre dos personas de diferente raza, "Hiroshima mon amour" es tanto una reflexión sobre el amor como sobre el odio que genera una guerra.

Y sobre las devastadoras consecuencias de un conflicto que dejó anónimos heridos y mutilados, como muestra Resnais en unas descarnadas imágenes que ilustran una realidad documental sin artificios.

Resnais, al igual que en algunos de sus documentales previos y en trabajos posteriores, reflexiona sobre las consecuencias de la guerra y lo hace con un mensaje pacifista en un momento, 1959, en el que la guerra fría estaba en un punto álgido.

La terrible visión de los heridos contrasta en el filme con las bellísimas imágenes en blanco y negro de los amantes, en un preciosista juego de luces, sombras y penumbra.

Un envoltorio que permite el total lucimiento de un guión perfectamente calculado de Marguerite Duras -el primero que escribió-, que fue candidato al Óscar, que perdió frente a otra joya del cine, "El apartamento", de Billy Wilder.

Duras escribió unos cortantes y concisos diálogos que permitieron el juego de miradas y de expresiones que buscaba el director y que encontró en los actores que encarnaron a la pareja protagonista, la francesa Emmanuelle Riva y el japonés Eiji Okada.

Riva y Okada dan credibilidad a la historia de la joven procedente de una pequeña localidad francesa (Nevers), traumatizada por la guerra y por la pérdida de su novio, frente a un japonés que aun viviendo en Hiroshima no sufrió el bombardeo y salió indemne emocionalmente del conflicto.

Una película intensa, que parece desarrollarse en una falsa eternidad del tiempo, en la que la cámara se mueve con una velocidad tan lenta que apenas se percibe y en la que reina una sensación de pesadumbre, tormento y angustia.

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 1959 y un inesperado éxito de crítica y de público, muchos consideran que "Hiroshima mon amour" es la obra clave de la cinematografía de Resnais y de la "nouvelle vague".

Ha sido calificada como "El nacimiento de una nación de la nouvelle vague francesa"; como una suma de "Faulkner y Stravinsky", en palabras de Jean-Luc Godard, o como "el primer filme moderno del cine sonoro", según Eric Rohmer.

"Si la humanidad entera está en ruinas, el cine debe adaptarse: un nuevo lenguaje nace de la pluma de Duras, la narración es deconstruída, la temporalidad estalla. Imprevisible, innovadora, precursora, 'Hiroshima mon amour' transforma radicalmente la historia del cine", afirmó tras su estreno la prestigiosa revista francesa "Cahiers du cinema".