martes, 10 de abril de 2007

Dos gurús de internet impulsan un código ético en los 'blogs'

Dos gurús de internet impulsan un código ético en los 'blogs'

1. • Ambos expertos proponen evitar los comentarios anónimos y los insultos
2. • Los dos entendidos piden que las bitácoras contrasten las fuentes y respeten la intimidad

JOAN CAÑETE BAYLE
WASHINGTON

Si no fuera porque la iniciativa viene de quien viene, habría levantado muchas más ampollas en el ciberespacio. Pero Tom O'Reilly --el creador del concepto de Web 2.0-- y Jimmy Wales --el responsable de la enciclopedia on line Wikipedia-- se merecen al menos el beneficio de la duda por parte de los defensores a ultranza de la libertad sin límites en internet. Ambos han lanzado el debate de crear un código de conducta en los blogs para evitar insultos, la difusión de bulos y demás lacras del nuevo periodismo ciudadano e incluso han colgado un código de conducta para abrir la idea a la aportación de los internautas (radar.oreilly.com y blogging.wikia.com/wiki/BCC).
Según O'Reilly, el objetivo de lo que denomina Código de Conducta del Bloguero es contribuir a crear una "cultura que incentive tanto la expresión personal como la conversación constructiva". Para ello, los dos gurús proponen que los blogueros asuman la responsabilidad de lo que escriben y de los comentarios que sus lectores cuelgan en la bitácora. Ello supone borrar "contenido inaceptable", lo que incluiría insultos, amenazas, calumnias y material que vulnere los derechos de autor, la obligación de confidencialidad y el derecho a la intimidad.

DESOÍR A LOS 'TROLLS'
O'Reilly y Wales añaden otras normas de conducta: no publicar nada que no se diría en persona, responder en privado por e-mail antes que públicamente en la red si hay conflicto, tomar partido cuando alguien es atacado de manera injusta, no permitir los comentarios anónimos (al menos debe haber una dirección de correo real) y no animar mediante la confrontación a aquellos cuya única intención al participar en un blog es provocar (conocidos como trolls en la red).
En la versión del código de Wikipedia, abierta a las aportaciones de cualquiera, se propone que en caso de amenazas y calumnias el bloguero colabore con la justicia para perseguir al infractor si ha cometido un delito, y otra aportación indica que los servidores que acogen los ciberdiarios deben asumir la responsabilidad por la actitud de sus clientes. Además, O'Reilly y Wales proponen la creación de logotipos reconocidos universalmente que adviertan a los cibernautas de que la bitácora por la que navegan suscribe o no este código de conducta, con el fin de evitar acusaciones de censura. El código, en sus versiones más estrictas, obligaría a los blogueros a confirmar lo que publican con segundas fuentes.

70 MILLONES DE 'BLOGS'
El debate, como era previsible, ha corrido como la pólvora por la red, y ha encontrado tanto partidarios como detractores. Los primeros dicen estar hartos de insultos, verdades a medias y mentiras enteras que se propagan rápidamente y que minan la credibilidad de quienes se toman en serio su labor de blogueros. Los segundos se escandalizan por el concepto de "contenido inaceptable" y sus vagas fronteras, y hay quien acusa a
O'Reilly y Wales de burocratizar internet y de querer convertir las bitácoras en medios de comunicación tan censurados o autocensurados como los tradicionales. "No puedo creerme que realmente estés hablando de logos", comenta un cibernauta que se identifica como Shelley. En los foros de debate también se destaca que el consenso sobre un código es imposible: según Technorati, una compañía que elabora un índice de blogs, existen 70 millones de bitácoras y cada día se añaden 1,4 millones de entradas.
La propuesta de O'Reilly y Wales no surge de la nada. Wikipedia ya alerta de si el contenido de las entradas de la enciclopedia es fiable. Y es que tras el boom que han experimentado en muy poco tiempo, tanto las bitácoras como los espacios participativos de la red sufren una especie de crisis de crecimiento en busca de lo único en lo que los medios tradicionales siguen ganándoles con claridad --la credibilidad-- y de regular el caos sin coartar la libertad.